Evocación de la Arquitectura


      Si tengo que resaltar un recuerdo que de algún modo me haga pensar en arquitectura, sin duda me dirigiré a casa de mi abuela.
  
     Mi abuela vive en una típica casa de pueblo, una casa estrecha y profunda que parece no tener fin. La casa se desarrolla a ambos lados de un largo pasillo que, tras abrirse como un primer patio, dará lugar finalmente a otro de mayor tamaño donde los recuerdos afloran por sí solos. Paralelo al primer patio está la entrada al salón. Y es allí, en el salón, donde por un instante desapareció todo.

     Al fondo del salón había un espejo. Como cualquier niño, la curiosidad de saber por qué aquel espejo estaba inclinado me hizo preguntarme qué habría detrás de él . Antiguamente se solía poner en el salón un espejo con el marco de madera sujeto a la pared por una cuerda de cáñamo anuada en dos cáncamos. De ese modo, al entrar por la puerta comenzabas a ver tus zapatos  y conforme avanzabas aparecía en aquel marco el reflejo de la sala donde se desarollaba el día a día.

     Recuerdo el día en que entré y no había espejo. Es como si al quitarlo de la pared, la casa completa se fue con él. Sólo quedó el olor a café que salía de la taza blanca que junto al espejo daba sentido a toda una infancia.

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